Ebriedades intrascendentes


Los días se aventuraban a correr, uno tras otro, en pos de ese sueño imposible, alzado con colores brillantes en el calendario.
Había grandes metas al final del arcoíris, pero también otras más pequeñas, metas que ya no eran metas, sino pequeños logros, logros que ya no eran logros, sino meros pasos, pasos que ya no eran pasos, sino muescas de un camino, camino que no era camino, sino un nuevo estilo de vida.

– “Corre tras tus sueños, si no los alcanzas, al menos estarás en forma” – así rezaba la primera luz del alba en la pared de su cuarto. Él era un alumno aventajado de los programas de productividad.

Había leído innumerables libros e invertido una ingente cantidad de horas en directrices, esquemas, preparativos, mapas mentales, disecciones de sueños, listados de vida, – ¿quién soy? ¿Qué me importa realmente? ¿Cuáles son mis valores? ¿Y mis principios?-

Para que una vez desmembradas las preguntas una tras otra, fuera otra la que acalló la vorágine interna que premiaba su gran (primera) iniciativa ¿A dónde quería llegar y quién querría ser?

No quería ser el próximo Steve Jobs, ni el siguiente Elon Musk, “No way” por el nuevo Bill Gates, ¡Él quería ser su primer YO! Quería ser esa versión mejorada de sí mismo, había llegado su YO 2.0, y lo había hechopara quedarse.

Los nuevos hábitos serían la garlopa de sus imperfecciones, y no ese luctuoso zaquizamí en el que se escondían sus quehaceres y sueños.

El presente y el futuro serán obsecuentes a su voluntad, ¿su estado vital? Embriagado de optimismo.

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