Labios de cara y cruz


La purpúrea quimera de mis sentimientos, es ahora mi obsceno pájaro a medianoche.

Y con la altura de su vuelo, ante el iris vacío de mis ojos, observo un vergel desabrigado, donde mi yo labriego araña al frío páramo con sus manos desnudas. Desangrándose las uñas del dolor que le causa su impotencia.

Y tras los ojos de esta oscura criatura, se suicidan las gotas carmesí, mientras se ahogan, mis gritos de ayuda, contra la barrera que forman unos labios sellados con el cincel de las dudas.

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