Embarcaciones de ensueño.


Ayer era un explorador, hoy me siento el navegante conquistador, hacia una tierra prometida, hacia la savia nueva, navego a por el infinito, dirección al horizonte, y me encuentro en un temporal fuera de tiempo, que me lleva en el mar a la deriva, mientras yo, cartografío el cielo estrellado de tus ojos, ya perenne en mi memoria, para que su luz del norte me ilumine y guía en esta aventura, ay! Si vieras en mis ojos los tuyos tatuados…


Van cayendo soles en ese horizonte hacia el que navego
pero no diviso tierra, y me recuerdas, al navío que tu adueñas, tan dentro de mi, en el que todas mis arterias sucumbieron a su quilla, y al que ahora mueven oleadas de sangre a golpe de latido, eternamente, dentro de mi.

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Mientras yo, desde fuera, sigo con papel sobre plano, buscando entre mis pertenencias un lápiz que dibuje el mapamundi de tu cuerpo, y asalto entre lunares, las caricias que me dabas, y de tus manos, tan suaves, aún está mi espalda hecha, y el sabor de tu cuello, que aún da su forma a mis labios.
Recuerdo, unos bucles dorados, donde atracaba yo mi navío, donde alimentaba el alma, y reconfortaba a la tripulación que me gobierna, recuerdo…..
el puerto que es tu boca, tan tuya, que antes incluso, era mía.

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Observo nubes, sobre la ventana de mi camarote, vuelve a haber tormenta en el cielo, vuelven las nubes negras, pero están tan altas (o yo tan bajo, no lo se), que su lluvia no me alcanza, y me permiten seguir en mis recuerdos, mientras manejo el timón de esta embarcación, sin saber a que horizonte me dirijo.

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Reordeno las bodegas de mi barco, aquello que no se ve, donde no llega nunca la luz, en sus escotillas, hay cañones, y en su techo, una trampilla, pero en su interior….en su interior está todo caído, agolpados los sentimientos unos con otros, tras la última tormenta, abollados, rotos, perdidos, desparramados por el suelo, goteando muy despacio.

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Pero distingo más recuerdos, de la tierra prometida, de aquellas que la habitan, y tus ojos que me buscan, tus brazos hacia a mi, no dices palabras, pero me pides que te suba en esta tierra, como tu lo haces con mi alma, y me tocas, me golpeas, sonríes y el recuerdo de tu risa, es capaz de llenar la habitación sin ventanas, de poner orden donde había caos, de permitirme sonreír y cambiar el cauce de mis lágrimas.

Recuerdo tus gateos, incansables por la habitación, tus ganas de ser también exploradora, y levantarte por el mundo, quién te hubiera dicho, que a setenta y cuatro centímetros todo era tan distinto.

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Me siento a tu lado, sobre el suelo,y juego a tu lado, mientras me rodean las fotos de tus recuerdos, y me invade la felicidad eterna de tus risas, y en su sonido, me percato, que el navío que en mis arterias, antes sólo tenía dueña, ahora también tiene un nombre, otro motivo más, para salir del horizonte, otro motivo más para seguir navegando, a golpe de latido.,

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