Mi Meditación Silenciosa


Dedicado a ti que no se como haces para que mis cuadros tomen forma

En el ocaso de un hermoso día, cuando mi Quimera se apodera de mi mente, paseé con mi imaginación por el borde del abismo, y oteé en la lejanía de este infinito horizonte una cabaña aislada y abandonada.

Decidí caminar hasta ella, observarla, mirar en su interior, y hallé un niño pequeño, de no más de siete u ocho años se encontraba sentado en el frío suelo, en medio de la nada de esa cabaña, aislado y abandonado.
Estaba sucio, y allí con su cabeza agachada en dirección a sus pies desnudos, podía notar el hipar de su respiración entrecortada por el movimiento de los hombros, estaba sollozando, y yo lo veía a través del sucio cristal, lleno de telarañas, y aunque no lo podía oír, su tristeza empezaba a contagiar a mi corazón.

Tan rápido como pude di vueltas alrededor de la cabaña, en busca de la puerta, pero en cada uno de sus cuatro costados, en cada una de las cuatro paredes, no había más que una triste y sucia ventana de cristal, que me impedía comprobar el estado del niño, quería consolarle con mi pasión. Pero no había puerta alguna que me permitiera entrar.

Y yo gritaba con todas mis fuerzas, notaba a mi alma desgarrarse, pero el niño no me oía, yo sabía como ofrecerle mi hombro los años y la experiencia me habían otorgado la capacidad para aliviar la carga del sufrimiento de las personas, sabía que todos eramos capaces de ello, sólo hacia falta la voluntad para querer hacerlo, para compartir las penas y hacer mayor su levedad.

Y mientras la tristeza ahondaba cada vez más en mi corazón hasta urdir una herida que del dolor provocó lágrimas sanguinolentas. Yo seguía gritando desconsolado, corriendo alrededor de las paredes de esta cabaña aislada y abandonada.

Con la certeza de saber que podía ayudar a ese niño con las enseñanzas de la vida, pero con la impotencia de no conocer cómo ponerlas en práctica.
Y entonces caí en la cuenta, mi corazón comprendió, y la puerta se abrió

6 comentarios sobre “Mi Meditación Silenciosa

  1. “Y yo gritaba con todas mis fuerzas(…)pero la niña no me oía”. Yo tampoco podía, sólo era capaz de sentir, como en carne propia, su desgarradora tristeza. ¿Cómo era eso posible?.
    Como en carne propia…cerré los ojos y dejé que todo mi ser iniciase un viaje que sabía que tenía que llegar, para el cual me había estado preparando, aun sin saberlo, desde hacía mucho tiempo.
    Me había caído y levantado ya tantas veces que había aprendido a hacerlo con una sonrisa y una tirita en la frente. Había caminado ya muchos valles, buscando, perdida y desconcertada, una luz que guiase mis pasos. Luz que otros me habían apagado apenas había comenzado a brillar y cuya falta haría tiritar de frío mis cimientos a lo largo de la vida, mi vida. Mi única y corta vida.
    Susurré su nombre, la cogí entre mis brazos y la saqué de la cabaña. Nunca mi corazón había ardido tanto de amor como hasta ese momento, nunca antes había abrazado a alguien con el alma. No habría sabido cómo hacerlo.
    Cuando el torrente de lágrimas cesó, miré a la niña y comprendí que me había perdonado por haber tardado tanto. Y, gracias a ella, comprendí que yo también había perdonado a los que me habían apagado la luz porque, aunque débil, siempre había estado ahí y, desde hoy, brillaría para siempre.

    Gracias, mirlowe, por esta belleza de relato.

    1. Me ha encantado tú final, creo que he hecho bien en dejarlo un poco abierto, porque cada uno, tenemos una manera de interpretarlo, una manera de actuar en nuestro final, una manera de verlo, y así no “obligo” a leer uno concreto.

      Pero me alegro de que se haya entendido.

  2. me ha conmovido la primera, la segunda, la tercera y todas las otras veces que lo he leído, la carga de sentimiento que lleva dentro este relato te arrastra dentro de él, y es difícil quitársela de arriva.
    Gracias.

  3. te dejo otro ejemplo de lo que te escribí antes, con tus frases remarcadas escribes poesías que vale la pena intentar:

    En el ocaso de un hermoso día
    decidí caminar,
    tan rápido,
    con todas mis fuerzas.
    Con la certeza
    que mi corazón comprendió,
    y la puerta se abrió

    1. Un resumen precioso del texto que nos encontramos 😛

      Si a estos cuadros que escribo, les añades tú talento, seguro que quedarán bien siempre 😉

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