La forma de la soledad


Ha sido alta la madrugada que se topó en el despertar con las esquinas de mis sueños sombríos, en los que la imagen de una silueta se me acerca vacía por dentro, mostrándome tan sólo su fachada, en tiempos idos era nube, en tiempos idos evocaba en su interior, tan hermoso como el fuego algo que latía dentro del pecho.

Fue el agua que brotó de un iris mojado, la que cruel se llevó con su torrente de mar, el interior de una nube de vapor blanco que ahora se presenta tan sólo en silueta, y fue el vigor en su caída, el que arrastró las hojas verdes que hasta a mí trajo el viento del otoño. Y las puso lejos, muy lejos e inalcanzables.

Mientras un sol traspuesto, que dando luz en mi primavera, busca morirse lejos, pues ilumina un jardín cada vez más inerte, vacío de nubes, de hojas verdes, de hermosura, siendo tan solo el contorno de lo que fue.

Y recuerdo su llama hermosa, era breve como todo lo bello. Y en otro tiempo cuando las altas horas de la madrugada, eran sonrisa, y mis ensueños esperanza, los astros envidiaron a la llama incesante, incansable e inagotable del astro rey, y con su nocturnidad, hicieron honda la noche, y de las hojas verdes que aún quedaron, hicieron ceniza gris y fría. Del jardín gaélico quedaron dunas de un desierto que se secó. Y del fuego que latía, quedó el febril sentimiento del alma que apostaba a la carta perdedora, arriesgada y perdida, entre cuerpos quedó en pena, el ante que jugué, y voló, junto al viento y las hojas.

Y a quién dice que se olvida, sepa que no hay olvido, pues busco entre mi nube congelada, y veo su silueta, y entre el respiro que le dan al iris las gotas frías que se resbalan, a través de la pared de ceniza que se forma tras la cortina de humo de la gris sombra de la soledad, siento radiante el recuerdo del deseo. Toda mano tiene su precio, y la mía la he apostado, la he perdido, pero he pagado.

Y despierto de mi trance, de mis sueños, de mi ensueño de alta madrugada, solo en mi lecho, pero afuera, allá en el cielo, cuando observo y veo una nube, miro en su interior, y siguen las hojas verdes y el tapiz gaélico, y un sol, que alumbra todo.
Todo no…..todo menos a mi.

Un comentario sobre “La forma de la soledad

  1. Hola Mirlowe,
    después de haber leído varias veces este cuento, que como siempre en tu prosa, encuentro grande intensidad poética, me deja el sabor de la soledad, palpitante en la piel.
    CFelicidades por lo bien que llevas tu historia, haciéndonos sentir parte de la historia.
    😉

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