El otoño de los sentidos.


Oscuras avenidas me han visto pasar, mientras paseo con rumbo pero sin destino, al fulgurante y vivaz encuentro contigo, pensativo, distraído, cabizbajo, siento las palabras que quiero decir, como cada vez que esto ocurre…

Clandestinos encuentros, que se producen en el futuro de épocas pasadas, en el ayer del mañana…en el ahora del momento.

Y son ya las cinco menos diez, el tiempo pasa, el tiempo apremia, siempre en la misma dirección,impertérrito, imperturbable, impávido, nada le amedrenta, nada le detiene. Es la fuerza de gravedad horizontal, que nos arrastra hacia delante, y nos obliga a dejar tras de nosotros las experiencias y las vivencias, la juventud, quedándonos el triste recuerdo que se acabará por borrar de nuestra memoria.

Ya estamos llegando, allá a lo lejos veo el parque, sus árboles desnudos, y en el suelo de piedra, una alfombra de tonos ocres que contrasta con el color menta de la hierba, de la esperanza……de tus pupilas.

¿Qué podría estropear el encuentro? Centro la vista al alto y observo como en gris oscuro se encapota el cielo, y una lágrima que cae para acariciar mi brazo, y en su constante repiqueteo, me recuerda ésta débil lluvia que siento y que sigo vivo, que no sueño cuando pienso que…..

Y de repente cierro los ojos, porque confundo las lágrimas propias con las ajenas, y escucho un silbido fuerte tras de mí, que remueve las alfombras del suelo, las arremolina y las ordena a mis pies.

Se atemperan mis sentidos, y vuelvo a la realidad, y al pisar éste crujiente suelo amarillento abro los ojos y alzo la vista que se encuentra con la tuya, porque allá a lo lejos ya te vi.

Adelanto mi paso por encontrarte antes, el crujir de mis pisadas es ya un ruido constante, los silbidos del viento, un ruido de fondo y las gotas de lluvia resbalando por mi cara, algo nimio que no se tiene en cuenta. Porque enfrente, porque enfrente…. estás tú.

Y al llegar sonrío, te sonrío, te miro, me miras, y algo desde dentro me empuja a hablar, tantas cosas que decir, y como siempre digo, -Hola-, y nada más….

Y así pasan dos minutos, tal vez tres, puede que ninguno, y tu pones la mano sobre mi pecho y me saludas, y al hacerlo, también lo notas, mi corazón se acelera, y es que hay algo que no sabes, que nunca te he dicho, perdona,escúchame, que hoy te lo explico;

Mientras tu mano esté en mi pecho, mi corazón se acelera, el oro carmesí que recorre mi cuerpo, hace que funcionen los ojos con los que te miro, los labios con los que te sonrío, las manos que acarician, los brazos con los que te rodeo, pero ese no es el verdadero motivo, ¿no lo notas? Cada segundo que pasa, hace que lata más fuerte mi corazón, porque lucha por llegar a tu mano, al calor que desprende, al sentimiento que crea, quiere tocarte y alcanzarte.

Y he de confesar, que ahora que estás tan cerca, tengo miedo, miedo de que si quitas tu mano, si ahora te apartas de mi, si te pierdo, mi corazón se pare, se parta y dejen así de funcionar, los ojos que te miran, los labios que te sonríen, los brazos que te rodean, las manos que te acarician, y entren mis sentidos entonces, en un estéril y mustio otoño.

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